"Cuando la España cristiana medieval atravesaba un periodo de oscurantismo en el que ni siquiera se planteaba ningún tipo de higiene y mucho menos personal, la Córdoba musulmana contaba con más de seiscientos baños árabes públicos, herederos de las termas romanas.
Lugar de descanso, de reunión social y política, en ciertas regiones el hammam constituye, especialmente para las mujeres,
una de sus distracciones favoritas y todo un ritual generador de belleza y sensualidad,
al tiempo lugar donde mejor se desvanece cualquier desigualdad de índole social."


19.7.08

GLTTBI

La heterosexualización de la cultura gay


(New York – The Edge. Traducción de Esteban Rico para SentidoG.com) ¿La creciente visibilidad cultural de la comunidad LGBT ha diluido el valor de nuestra identidad? ¿Perderemos nuestra chispa controversial el día que los gays no seamos más una minoría oprimida? ¿Es la normalización, asimilación o cualquier otra palabra terminada en "ion" el precio que tenemos que pagar por todo aquello que hemos ganado? Todas estas son preguntas válidas y simples con respuestas obvias y definitivas…

El mito de la asimilación
En una época, la Norteamérica hetero podía distinguir a una “marica” o a una “torta” a kilómetros de distancia y reaccionar de manera adecuada. Las señales emitidas por esos muchachos amanerados y esas chicas vestidas como marimachos confirmaban que los LGBTs se encontraban viviendo en los márgenes de la sociedad, precisamente donde ellos y sus perversiones sexuales pertenecían.

Pero en la actualidad las cosas son diferentes. "Personas gays de un espectro socioeconómico, racial y geográfico más amplio están saliendo del closet precisamente gracias al éxito de los movimientos a favor de los derechos de su comunidad". Esa es la evaluación de Gary J. Gates, un investigador del Williams Institute, en la Escuela de Leyes de la UCLA, el cual se dedica al estudio del pensamiento crítico en el campo de la orientación sexual y las políticas públicas.

Hace pocos meses atrás, Gates y sus colegas causaron conmoción en los blogs y las páginas editoriales de los principales periódicos del país. Tanto el New York Times como el San Francisco Chronicle publicaron artículos de tapa anunciando el declive de los barrios gays y de la creciente diversidad dentro de la comunidad LGBT. En una columna de opinión publicada en abril de este año por el Los Angeles Times en la cual se citaba la investigación de Gates, Gregory Rodriguez concluyó en lo siguiente: "El estereotipo hedonista, transgresor y radical que alguna vez caracterizó a la cultura gay ya no es representativo de la realidad". Rodriguez, quien no pareciera estar muy empapado en el tema, también especuló con que "en la medida que más homosexuales decidan salir del closet y unirse al común de la sociedad, la comunidad gay se volverá cada vez menos distintiva".

¿Entonces es verdad que los LGBTs realmente nos estamos convirtiendo en iguales a los demás o es que nuestras herramientas de expresión se están haciendo más visibles?

Gates refuta las conclusiones de Rodriguez al aclarar que "la asimilación implicaría que las personas gays se están pareciendo más a los heterosexuales. Pero en verdad, lo que está sucediendo es que, al salir del closet, los gays sienten menos necesidad de abandonar las normas con las cuales fueron criados. No hay una gran diferencia entre esos valores siendo gay que los que se veían hace veinte años atrás".

Sin embargo, para otras personas, los objetivos que hemos alcanzados palidecen al lado de todo lo que nos queda por lograr. "No estamos siquiera cerca de la asimilación. Uno puede sentir eso viviendo en el Castro o en Ft. Lauderdale, pero en otras áreas del país todavía se siente la opresión y el rechazo", asegura Elliott Tiber, autor de "Taking Woodstock", novela que actualmente está siendo adaptada el cine y que será dirigida por Ang Lee (el director de “Secreto en la Montaña”).

Tiber asegura que el límite al que uno puede llegar respecto a la exteriorización de su identidad sexual depende en gran parte del lugar en el que uno vive. "Es un sueño dorado pensar que en un pequeño pueblo, uno pueda caminar por la calle principal de la mano y besando a su novio. Pero estos lugares no son Manhattan, no hay muchos sitios en este país donde esto está permitido". Incluso en los estados más liberales, la homofobia todavía es tolerada y perpetrada, incluso en los cargos públicos. "El gobernador de Florida declaró la semana pasada que los gays se merecen enfermarse de SIDA por el estilo de vida que llevan".


¿El fin de los barrios gays?
Hasta no hace mucho en New York, había una librería gay, una cafetería gay y un club gay que ya no existen. A través de los años, la que alguna vez fue la meca de lo queer (Chelsea) perdió mucho de su costado gay. Por otro lado, creció en cantidad de farmacias, tiendas de velas y apartamentos particulares. ¿Realmente se extinguió este ghetto gay una vez que las familias heterosexuales y con dinero se afincaron en este lugar? ¿O simplemente estas familias hetero se encuentran conviviendo con los LGBTs que se encuentran formando sus propias familias?

Para algunos, vivir en un barrio donde haya mayor diversidad no significa la sentencia de muerte para su identidad gay. En realidad, esto lo que permite es la formación de amistades y relaciones basadas en intereses en común en vez de ser la orientación sexual el principal punto de contacto. Aunque algunas personas aún prefieren vivir en vecindarios eminentemente gays, algunos aseguran que los temas de género y sexualidad ya no son conflictivos y las parejas hetero conviven con las gays sin ningún problema.


La cuestión del matrimonio
La mayoría de los estados del país prohíben el matrimonio entre personas del mismo sexo; sin embargo, permiten que las personas sean despedidas de sus trabajos por su orientación sexual. Aún así, la constante y agresiva campaña para lograr el derecho al matrimonio ha alienado tanto a aquellos dentro de la comunidad gay como a sus oponentes heterosexuales. ¿Es el matrimonio el máximo objetivo para lograr la aceptación cultural o un hito irreversible que nos atraparía dentro de las normas de la “heteronormalidad”?

Molly McKay, directora de medios de Marriage Equality, opina que la noción de que "estamos heterosexualizando nuestra cultura" al ponerle fin a la discriminación legal en contra del matrimonio gay "no tiene sentido. En cierta forma, el terminar con la discriminación hacia la orientación sexual va a generar un impacto en nuestra cultura, un impacto positivo".

Sin embargo, otros opinan lo contrario. "Para mi, luchar con el objetivo de copiar lo que el mundo heterosexual piensa que es la manera correcta de vivir, es una pérdida de energía y un enorme paso hacia atrás. Deberíamos luchar por la igualdad de los derechos civiles y punto. Yo soy ateo. Para mí, el casamiento es un ritual religioso que no me representa. Todo este negocio de las iglesias y de dios y de los rabinos…el casamiento es una pérdida de energía para la comunidad gay", opina Tiber.


Lo que nos queda por hacer
Si tuvieran que elegir entre Village People o Will & Grace, el común de los heterosexuales norteamericanos inevitablemente elegirían la segunda opción. Suficientemente refinados para no ser identificados como “queers”, pero acallados sexualmente para no ofender a nadie; esa es la combinación perfecta de lo que los heterosexuales ven como aceptación hacia los gays.

McKay indica que esto es un recordatorio de que "lo que nos une es la atracción por las personas del mismo sexo y el hecho de que estamos siendo oprimidos". Incluso si no tuviéramos en cuenta el tema de la opresión, aún estamos siendo definidos por nuestra sexualidad. Y, en ese aspecto, todavía somos "una minoría que tendrá que trabajar duro para que nuestra imagen sea tenida en cuenta y reconocida".





"La cultura es mucho más rica cuando más mezclada está; los países mestizos tienen ventajas sobre los más homogéneos porque es la diversidad la que nos enriquece. La cultura no puede ser única ni cerrada, pues hay una polinización que ha venido del lejano Oriente, al Oriente próximo, y de ahí a Occidente. La literatura, por ejemplo, se mueve por las autopistas del viento."
(Juan Goytisolo, Barcelona)