"Cuando la España cristiana medieval atravesaba un periodo de oscurantismo en el que ni siquiera se planteaba ningún tipo de higiene y mucho menos personal, la Córdoba musulmana contaba con más de seiscientos baños árabes públicos, herederos de las termas romanas.
Lugar de descanso, de reunión social y política, en ciertas regiones el hammam constituye, especialmente para las mujeres,
una de sus distracciones favoritas y todo un ritual generador de belleza y sensualidad,
al tiempo lugar donde mejor se desvanece cualquier desigualdad de índole social."


9.10.07

Iglesia y dictadura





HOMICIDIOS, TORTURAS, SECUESTROS,
DELITOS DE LESA HUMANIDAD, GENOCIDIO...
Y UN PADRE NUESTRO



Chistian Von Wernich fue condenado a reclusión perpetua,
por sus crímenes durante la dictadura argentina.
Se trata de una sentencia histórica,
la tercera después de la anulación de las leyes del perdón,
luego de treinta años de lucha por la verdad y la justicia.



(Clarín, 10 de octubre) El sacerdote Christian Von Wernich (69), ex capellán de la Policía bonaerense en el período de la última dictadura militar, es el primer integrante de la Iglesia condenado a reclusión perpetua por crímenes de lesa humanidad.

Después de tres meses de proceso oral y público, el Tribunal federal Nº 1 de La Plata determinó su responsabilidad en la comisión de siete homicidios triplemente calificados, 31 secuestros y tormentos y otros 3 secuestros. El fallo condenatorio de Carlos Rozanski, Norberto Lorenzo y Horacio Insaurralde fue inscripto "en el marco del genocidio cometido en la República Argentina entre los años 1976-1983". Los jueces atribuyeron al cura un rol operativo en el sistema de represión ilegal que funcionó en la provincia de Buenos Aires durante la gestión del ex jefe de Policía, coronel Ramón Camps.

Bajo el amparo del secreto de confesión, Von Wernich
obtenía información de los detenidos en centros clandestinos para utilizarla en el aparato de represión ilegal. Un "investigador con sotanas", como caracterizó un querellante.

Von Wernich fue hallado culpable de coautororía de los asesinatos de Domingo Moncalvillo, Cecilia Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Liliana Galarza, Nilda Salomone y María del Carmen Morettini. Los siete permanecían detenidos en la Brigada de Investigaciones de La Plata y, a partir del cautiverio en 1977, colaboraban con las fuerzas de seguridad. Camps comunicó que permitiría sus traslados al exterior, pero fueron masacrados en las cercanías del Cruce Alpargatas. Según el testimonio del policía Julio Alberto Emmed -muerto en un enfrentamiento a fines de los 80-, el sacerdote participó del operativo.

Un presagio sobre la marcha del fallo asomó temprano en el alegato de la defensa: "Vengo a buscar una condena", refirió Juan Cerolini. El abogado apeló a las palabras de Henry Charrier (Papillón) frente al tribunal, casi con la misma resignación. Cerolini intentó derrumbar los cargos por la presunta tintura "ideológica" que representaban los testimonios. Ese prurito fue trasladado al gobierno de Néstor Kirchner que mantiene "parcialidad indisimulable con referentes de la violencia, hasta otorgándoles cargos públicos".

La defensa reconoció la existencia de torturas y de homicidios cometidos en esa época, aunque advirtió que había
"procesos" para unos y "prescripciones" para otros. Algo de la estrategia para devaluar a los declarantes del juicio fue utilizada por el propio Von Wernich al señalar que "el testigo falso es el demonio, porque está preñado de malicia". El ex capellán habló con firmeza sobre la necesidad de "llegar a la verdad con reconciliación y en paz". Citó al cardenal Bergoglio, como un salvavida institucional.

Advirtió que el crucifijo en la pared, detrás del presidente del tribunal, era más grande que el usado en jornadas anteriores. Fue un sermón, resistido por un grupo de Madres de Plaza de Mayo que intentaron abandonar el recinto. "Esto no es un cine continuado. Si salen no podrán ingresar para el fallo", la reconvención de Rozanski acomodó los ánimos.

El ambiente siempre permaneció tenso, aunque sin disturbios. Apenas una evacuación ordenada del edificio por amenaza de bomba.
Afuera, tras el vallado de tribunales las agrupaciones de derechos humanos, organizaciones sociales y de la izquierda apelaban a coros desparejos de repudio al cura.

El proceso rozó con fundamento la connivencia de la jerarquía eclesiástica con la Junta Militar. Ese involucramiento todavía no fue disipado con los documentos críticos del episcopado argentino.

Anoche alumbraba el comunicado de censura de la conducta de Von Wernich y la orden al obispo Marín Elizalde, de la diócesis de 9 de Julio -a la que pertenece el condenado- para el retiro de sus atribuciones sacramentales. Será antes del 1º de noviembre, cuando el sacerdote retorne a la sala para escuchar los fundamentos de la condena. Hasta entonces, deberá permanecer en la cárcel de Marcos Paz.



ACTO DE JUSTICIA CON CALOR POPULAR

(APDH La Plata, Duilio Ferro) Afuera y bajo una persistente lluvia, miles de manifestantes aplaudieron con alegría la condena del tribunal que metió en el penal de Marcos Paz al siniestro personaje calificado por un testigo como un “taquero vestido con sotana”.

Las banderas de las agrupaciones políticas, de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos La Plata (APDH) y de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) dejaron atrás y en el olvido la frustrada intención de instalar el miedo a través de una amenaza de bomba.

Rosana Merlos, secretaria de Derechos Humanos de la CTA, indicó a la prensa que “se trata de una condena ejemplificadora y un paso más para ir en busca del juicio y castigo a todos los culpables del genocidio de Estado de la última dictadura”.

Además, la dirigente social y sindical indicó que “aún no comprendemos el silencio de la iglesia argentina que, por intentar apañar a un cura, deja al desamparo a un pueblo argentino que tiene una gran fe católica”.

Marta Vedio, Prosecretaria General de APDH La Plata y abogada de la querella unificada en este juicio, manifestó que “estamos plenamente satisfechos con este fallo; el organismo que represento fue el primer querellante, impulsó este proceso, sostuvo el procesamiento y nunca hemos dejado de requerir justicia. Como siempre decimos, lo que venimos pidiendo es pura y simple aplicación de la ley y del principio de igualdad: los genocidas deben ir a la cárcel por los delitos que cometieron”.

Por otra parte, Marcelo Ponce abogado de la querella unificada, indicó que “la importancia de este juicio es que se recoge el principio de justicia como un derecho del pueblo, por lo tanto la sentencia de hoy es un triunfo popular que desde el inicio de la democracia viene exigiendo juicio y castigo a todos los culpables del genocidio de estado”. Agregó que “este asesino antes de pedir perdón a Dios debería arrepentirse de lo que hizo, luego pedir perdón a los familiares de las víctimas y a las víctimas y por último pedirle perdón a Dios”.

La lectura del fallo condenatorio duró apenas quince minutos y fue celebrada por horas por una nutrida manifestación que bajo la lluvia siguió de cerca los últimos minutos del juicio que había arrancado a principios de junio.


ÉL HABLÓ Y DIJO:


(APDH La Plata) Vaya privilegio el suyo, padre…

“En 2.000 años de historia, ningún sacerdote de la Iglesia Católica Apostólica Romana violó los sacramentos”

Previo a la sentencia, el ex capellán hizo uso de la palabra aludiendo a citas bíblicas para cuestionar a “falsos testigos, preñados de malicia”. Habló de “verdad”, “reconciliación” y “paz”, con frases como:

“El fin no justifica los medios. Si queremos llegar a la verdad, hagámoslo en reconciliación”

Preocupado por la paz interior de las víctimas (al menos de los que quedaron vivos y fueron liberados), la de sus familiares y, por que no, de la sociedad, advirtió también:

“…el hombre que quiere reconciliarse con el hombre y con Dios, necesita paz. Si no la tiene, estará con un corazón herido. Si no tenemos paz, no nos vamos a reconciliar”.

Pero en el uso de su palabra olvidó, entre muchas otras cosas, declarar donde están los cuerpos de Liliana Galarza, María del Carmen Morettini, Cecilia Luján Idiart, María Magdalena Mainer, Pablo Mainer, Nilda Susana Salomone y Domingo Héctor Moncalvillo. Quizá para empezar a hablar, y solo quizá, de esa “Verdad, reconciliación y paz” que tanto anhela.


En 1984, el mismo Von Wernich había declarado públicamente:

"Que me digan que Camps torturó a un negrito que nadie conoce, vaya y pase. Pero cómo iba a torturar a Jacobo Timerman, un periodista sobre el cual hubo una constante y decisiva presión mundial... ¡Que si no fuera por eso...!"


LOS OBISPOS DIJERON

Tras el fallo, la Iglesia Católica argentina se manifestó "conmovida" por la participación del sacerdote Christian Von Wernich en la comisión de delitos a los que calificó como "gravísimos"; ratificó que los religiosos que colaboraron con la dictadura lo hicieron bajo su "responsabilidad personal" y volvió a llamar a la reconciliación.

"La Iglesia en la Argentina está conmovida por el dolor que causa la participación de un sacerdote en delitos gravísimos, según la sentencia del tribunal oral federal número 1 de La Plata", indicó en un comunicado, poniendo en boca de los jueces la atribución de los delitos al cura.

En línea con su discurso histórico, la institución abogó en el mismo texto por la "reconciliación" y ratificó que los religiosos que avalaron la represión durante la última dictadura actuaron "bajo su responsabilidad personal", reiterando un pronunciamiento de los obispos de marzo de 1995.

"Si algún miembro de la Iglesia, cualquiera fuera su condición, hubiera avalado con su recomendación o complicidad alguno de esos hechos (la represión), habría actuado bajo su responsabilidad personal, errando o pecando gravemente contra Dios, la humanidad y su conciencia", habían indicado los obispos entonces.

El comunicado difundido apenas se conoció la condena está firmado por el cardenal primado de la Argentina y presidente del Episcopado, Jorge Bergoglio, los vicepresidentes Héctor Villalba y Agustín Radrizzani y el secretario general, Sergio Fenoy, pero no especifica la situación en la que queda ahora el ex capellán, aún sacerdote.

"Creemos que los pasos que la Justicia da en el esclarecimiento de estos hechos deben servir para renovar los esfuerzos de todos los ciudadanos en el camino de la reconciliación. Los pasos de la Justicia constituyen un llamado a alejarnos tanto de la impunidad como del odio y el rencor", afirma el texto, aunque en dos oportunidades (1997 y 2000) la Iglesia realizó dos "pedidos de perdón" por la actuación de algunos de sus miembros durante la última dictadura.





RESPONSABILIDADES

(Página/12, León Ferrari, artista plástico) Los católicos forman un singular grupo de creyentes que se reúnen alrededor de creencias diferentes. Los católicos completos, los que creen en todo el Evangelio, los que no caen bajo el anatema que San Pablo (Ga 1, 9) lanzó contra quienes deforman al Evangelio, son devotos de infiernos, Apocalipsis, juicio final, suplicios, inmortalidad.

Pero hay feligreses, los incompletos, que toman del Evangelio lo que les gusta y descartan partes, versículos, palabras, que rechazan, o tachan, con el argumento de que las palabras de Jesús tienen un significado diferente hoy al que El les daba cuando las dijo. Lo que entonces significaba negro, fuego, dolor, hoy es blanco, paz, felicidad, y quienes las citan textuales, reciben como repetida respuesta: “Están fuera de contexto”. Ellos no creen, o no recuerdan, las singulares ideas de Jesús sobre la familia, originadas quizás en que sus deudos decían que estaba loco (Mc 3, 20): “He venido para hacer disensión del hombre contra su padre, y de la hija contra su madre, y de la nuera contra su suegra. El que ama a su padre más que a mí no es digno se mí: el que ama a su hijo o hija más que a mí no es digno de mí” (Mt 10, 35). Tampoco creen en las ideas de Jesús sobre las ciudades que lo habían rechazado: “Más en cualquier ciudad donde entraréis, y no os recibieren, saliendo por las calles decid: Aun el polvo que se nos ha pegado de vuestra ciudad sacudimos en vosotros. Y os digo que en Sodoma tendrán más remisión aquel día, que aquella ciudad”. (Lc 10, 3). Ni recuerdan los anuncios de Jesús sobre su vuelta en el Apocalipsis: “Como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste” (Lc 17, 28). Tampoco creen en estos versículos sobre el suplicio eterno: “Apartaos de mí malditos, al fuego eterno preparado para el diablo” (Mt 25, 31); “Enviará el Hijo del Hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos y los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno del fuego, allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mt 13, 40).

Otros en cambio, los que serían los católicos completos (que se suelen tildar de “fundamentalistas”), aceptan y creen todos y cada uno de los versículos del Nuevo Testamento y buena parte de los del Antiguo, ayudados o influidos quizá por las maravillosas pinturas de Miguel Angel o del Giotto, de las cantatas de Bach o por la Divina Comedia del Dante, que justifican y exaltan con bellas palabras cosas horribles. Estos han logrado modificar la estructura original de su cerebro, de su inteligencia, para alternar sin esfuerzo la condena a la violación de los derechos humanos en la tierra con la aceptación de su anunciada violación en el más allá.

Estos feligreses plenos, reforzados por los parciales, han constituido un organismo, la Iglesia que los representa y organiza, que ha practicado las diversas formas de matar gente que enseñan las Sagradas Escrituras. Ha quemado mujeres acusadas de brujería, como quemó Dios Padre a sodomitas, chicos y nonatos en Sodoma. Hecho que recordó Jesús cuando amenazó que a su vuelta pasaría lo que pasó en Sodoma (Lc 17, 28). Han ahogado gente tirándolos desde los aviones durante la dictadura, un método nuevo aconsejado por los purpurados argentinos, repitiendo modernizado el diluvio, episodio citado también por Jesús, quien anunció que a su vuelta sucederá lo que sucedió en el diluvio (Mt 24, 37). Han degollado a herejes, incrédulos y paganos, como degolló Isaías a los sacerdotes de Canaán y como dijo Jesús que sucederá cuando vuelva con ángeles, hoces y guadañas a separar la maleza del trigo (Mt 13, 40). Y han torturado en la Inquisición, como anuncia el Apocalipsis que será la tortura (Ap 9, 5). Cosa que puso en práctica la dictadura en nuestro país realizada por católicos, apoyada por católicos completos y también por parte de los parciales o limitados.

Los católicos incompletos, que critican y se oponen a estas actividades de la Iglesia, creen estar libres de toda responsabilidad por esos hechos del pasado, y por otros del presente, por las víctimas que origina la campaña contra el aborto y los anticonceptivos, sin notar que la Iglesia puede llevar a cabo esas políticas represivas por la fuerza que les da la multitud de sus fieles, entre los cuales posiblemente sea mayoría la de los incompletos. En otras palabras: la permanencia de los fieles incompletos dentro de la Iglesia es lo que le permite a la Iglesia realizar actividades contrarias a las ideas de esos fieles. (fotografía: "Civilización occidental y cristiana", obra de León Ferrari)


Para seguir leyendo:

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Dos miradas desde la religión

Víctima y cómplice: los caminos de la Iglesia en los años de horror




"La cultura es mucho más rica cuando más mezclada está; los países mestizos tienen ventajas sobre los más homogéneos porque es la diversidad la que nos enriquece. La cultura no puede ser única ni cerrada, pues hay una polinización que ha venido del lejano Oriente, al Oriente próximo, y de ahí a Occidente. La literatura, por ejemplo, se mueve por las autopistas del viento."
(Juan Goytisolo, Barcelona)